La casquería ha formado parte de la gastronomía tradicional durante siglos, aunque su consumo ha estado rodeado de ideas preconcebidas. Para algunos, es un manjar repleto de sabor; para otros, un alimento que despierta ciertas reservas. Hoy, en Carnes Carrasquilla, vamos a desmontar mitos y a poner sobre la mesa las realidades que hacen de la casquería un producto tan versátil y nutritivo.

Mitos y realidades de la casquería

Uno de los prejuicios más extendidos es pensar que la casquería, por ser vísceras y partes menos comunes, es insalubre o excesivamente grasa.

En realidad, depende de la pieza y del modo de preparación. El hígado, por ejemplo, es una excelente fuente de hierro, vitamina A y proteínas de alta calidad. El corazón aporta un gran contenido de vitamina B12 y coenzima Q10, beneficiosa para la salud cardiovascular.

Si se cocina con técnicas saludables y se modera su consumo, puede formar parte de una dieta equilibrada.

La creencia de que es un alimento “antiguo” y en desuso

Aunque es cierto que su consumo se ha reducido en comparación con décadas pasadas, la casquería está viviendo un renacer.

Muchos restaurantes de cocina moderna la han incorporado en menús gourmet, rescatando recetas tradicionales y dándoles un toque creativo. La tendencia de aprovechar todo el animal para reducir el desperdicio alimentario también ha contribuido a su recuperación.

El miedo a su sabor o textura

Otro mito común es que la casquería tiene sabores y texturas difíciles de aceptar.

La realidad es que, bien preparada, ofrece una amplia gama de matices, desde la suavidad de unas mollejas salteadas hasta el sabor intenso de unos callos a la madrileña.

Además, la variedad de piezas —riñones, lengua, sesos, corazón, hígado— permite adaptarse a diferentes gustos y recetas.

Otros mitos y realidades de la casquería

La casquería como producto económico

Durante mucho tiempo se ha asociado a la casquería con precios más bajos que otros cortes de carne.

Aunque en muchos casos sigue siendo una opción asequible, ciertas piezas, por su rareza o por el trabajo que requiere su preparación, han alcanzado un valor más alto en el mercado. Esto demuestra que su calidad gastronómica está cada vez más reconocida.

Beneficios nutricionales reales

Más allá del sabor, la casquería es una fuente importante de micronutrientes que no siempre se encuentran en otros cortes. Aporta vitaminas del grupo B, hierro hemo —de alta biodisponibilidad—, zinc, fósforo y proteínas completas. Esto la convierte en un alimento interesante para deportistas, personas con anemia o quienes buscan variedad en su dieta. No obstante, su consumo debe ser moderado en personas con niveles altos de colesterol o ácido úrico.

Cómo integrar la casquería en la cocina actual

Hoy en día, los mitos y realidades de la casquería la ponen en el candelero de nuevo.

En realidad, para disfrutar de la casquería es clave seleccionar productos frescos de calidad, conocer la procedencia y aplicar técnicas culinarias que potencien su sabor sin enmascararlo. Desde guisos tradicionales hasta elaboraciones a baja temperatura o marinados, las posibilidades son amplias y permiten que esta parte de la gastronomía siga viva y adaptada a los gustos actuales.

En definitiva, la casquería no es un alimento del pasado ni un producto a evitar. Con el conocimiento adecuado y una mente abierta, se convierte en un recurso gastronómico lleno de historia, sabor y valor nutricional.