Las ancas de rana, consideradas un manjar en diversas culturas culinarias del mundo, tienen una presencia significativa y una tradición arraigada en ciertas regiones de España. Aunque su consumo puede sorprender a algunos, para otros es un plato exquisito y una parte importante de su patrimonio gastronómico. Hoy, en Carnes Carrasquilla os hablamos sobre las ancas de rana en la gastronomía española. En ella, dos localidades españolas destacan especialmente por su vinculación con este producto: Aranjuez en Madrid y La Bañeza en León.
Ancas de rana en la gastronomía española
Comenzando por Aranjuez, la conexión con las ancas de rana es histórica y se remonta a la abundancia de estos anfibios en las riberas del río Tajo.
Durante décadas, este plato ha sido un icono de la cocina ribereña, especialmente en los meses más cálidos. La receta más emblemática de la zona es, sin duda, las ancas de rana a la provenzal.
La preparación tradicional en Aranjuez implica una marinada previa de las ancas, a menudo en leche para suavizar su sabor y eliminar cualquier posible nota terrosa.
Posteriormente, se saltean en una sartén con una generosa cantidad de aceite de oliva, ajo laminado y perejil fresco picado. El resultado es un plato sencillo pero lleno de sabor, donde la delicada carne de las ancas, blanca y tierna, se realza con el aroma del ajo y el frescor del perejil.
Es común encontrarlas en las cartas de los restaurantes locales, especialmente aquellos que honran la cocina tradicional.
Ancas de rana en La Bañeza
Por otro lado, si hay un lugar en España donde las ancas de rana son verdaderamente populares, ese es La Bañeza, en la provincia de León.
Esta ciudad ha convertido las ancas de rana en un pilar de su identidad gastronómica, celebrando anualmente el Festival de las Ancas de Rana. Este evento atrae a numerosos visitantes y pone de manifiesto la importancia cultural y culinaria de este plato para la localidad.
En La Bañeza, la forma más tradicional de preparar las ancas de rana es rebozadas y fritas. Las ancas, tras ser limpiadas y escurridas, se pasan por una mezcla de harina y huevo antes de freírlas en abundante aceite caliente hasta que adquieren un color dorado y una textura crujiente por fuera y tierna por dentro. Se suelen servir acompañadas de una rodaja de limón.
El Festival de las Ancas de Rana no solo celebra esta receta, sino que también fomenta la innovación y presenta otras variantes y creaciones culinarias en torno a este ingrediente.
Otras variantes regionales en España
Aranjuez y La Bañeza son los referentes. Sin embargo, el consumo de ancas de rana no es exclusivo de estas localidades. De hecho, ha tenido o tiene presencia en otras zonas de España, a menudo ligadas a humedales o ríos.
Por ejemplo, en Extremadura, cuentan con una gran tradición en el consumo de ancas de rana, dadas sus amplias zonas de regadío y humedales. Las preparaciones suelen ser sencillas, a la plancha o fritas, realzando su sabor natural.
Por su parte, en zonas de marisma de Andalucía, especialmente en las cercanías de zonas húmedas, las ancas de rana han formado parte de la dieta local.
Finalmente, en ciertas zonas de la Albufera y humedales de la Comunidad Valenciana, se cocinan de forma similar a los pescados pequeños de agua dulce.
Este manjar, lejos de ser una excentricidad, es una muestra de cómo el entorno natural ha moldeado y enriquecido las cocinas locales.
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